viernes, 24 de julio de 2009

Suele pasar...

Queridas amigas... esta vez les traigo un poema de Juan de Dios Peza que me gusta mucho...

CARTA

Con letras ya borradas por los años,
en un papel que el tiempo ha carcomido,
símbolo de pasados desengaños,
guardo una carta que selló el olvido.

La escribió una mujer joven y bella.
¿Descubriré su nombre? ¡ No, no quiero!
pues siempre he sido, por mi buena estrella,
para todas las damas caballero.

¿Qué ser alguna vez no esperó en vano
algo que, si se frustra, mortifica?
Misterios que al papel lleva la mano,
El tiempo los descubre y los publica,

Aquellos que juzgáronme felices
en amores; que halagan mi amor propio,
aprendan de memoria lo que dice
la triste historia que a la letra copio:

“Dicen que las mujeres sólo lloran
cuando quieren fingir hondos pesares,
los que tan falsa máxima atesoran,
muy torpes deben ser o muy vulgares.

Si cayera mi llanto hasta las hojas
donde temblando está la mano mía,
para poder decirte mis congojas,
con lágrimas mi carta escribiría.

Mas si el llanto es tan claro que no pinta,
y hay que usar de otra tinta más obscura,
la negra escogeré, porque es la tinta
donde más se refleja mi amargura.

Aunque no soy para soñar esquiva
sé que para soñar nací despierta.
Me he sentido morir, y aún estoy viva;
Tengo ansias de vivir, y ya estoy muerta.

Me acosan del dolor fieros vestigios.
¡Qué amargas son las lágrimas primeras!
Pesan sobre mi vida veinte siglos,
y apenas cumplo veinte primaveras.

En esta horrible lucha en que batallo,
aun cuando débil tu consuelo imploro,
quiero decir que lloro y me lo callo,
y más risueña estoy cuando más lloro.

¿Por qué te conocí? Cuando temblando
de pasión, sólo entonces no mentida,
me llegaste a decir: ¡ te estoy amando
con un amor que es vida de mi vida!

¿Qué te respondí yo? Bajé la frente;
triste y convulsa, te estreché la mano,
porque un amor que nace tan vehemente,
es natural que muera muy temprano.

Tus versos para mí conmovedores
los juzgué flores puras y divinas,
olvidando, insensata, que las flores
todo lo pierden, menos las espinas.

Yo, que como mujer, soy vanidosa,
me vi feliz creyéndome adorada,
sin ver que la ilusión es una rosa
que vive solamente una alborada.

¡Cuántos de los crepúsculos que admiras,
pasamos entre dulces vaguedades,
las verdades juzgándolas mentiras,
las mentiras creyéndolas verdades!

Me hablabas de tu amor, y absorta y loca,
me imaginaba estar dentro de un cielo,
y al contemplar tus ojos y tu boca
tu misma sombra me causaba celo.

Al verme embelesada al escucharte,
clamaste,-aprovechando mi embeleso-,
“Déjame arrodillar para adorarte”,
y al verte de rodillas te di un beso.

Te besé con arrojo, no se asombre
un alma escrupulosa o timorata:
la insensatez no es culpa. Besé a un hombre,
porque toda pasión es insensata.

Debo aquí confesar que un beso ardiente,
aunque robe la dicha y el sosiego,
es el placer más grande que se siente
cuando se tiene un corazón de fuego.

Cuando toqué tus labios fue preciso
soñar que aquel placer se hiciera eterno.
Mujeres: es el beso un paraíso
por donde entramos muchas al infierno.

Después de aquella vez, en otras muchas,
apasionado tú, yo enternecida,
quedaste vencedor en esas luchas
tan dulces en la aurora de la vida.

¡Cuántas promesas, cuántos devaneos!
El grande amor con el desdén se paga;
toda llama que avivan los deseos,
pronto encuentra la nieve que la apaga.

Te quisiera culpar y no me atrevo;
es, después de gozar, justo el hastío;
yo, que soy un cadáver que me muevo,
del amor de mi madre desconfío.

Me engañaste, y no te hago ni un reproche,
era tu voluntad y fue mi anhelo;
reza, dice mi madre, en cada noche;
y tengo miedo de invocar al cielo.

Pronto voy a morir; esa es mi suerte.
¿Quién se opone a las leyes del destino?
Aunque es camino obscuro el de la muerte,
¿quién no llega a cruzar, ese camino?

En él te encontraré; todo derrumba
el tiempo, y tú caerás bajo su peso:
tengo que devolverte en ultratumba
todo el mal que me diste con tu beso.

¿Mañana he de vivir en tu memoria?
En aquella región quizá sombría
mostrar a Dios podremos nuestra historia.
Adiós... Adiós... hasta el terrible día.

Leí estas líneas y en eterna ausencia
esa cita fatal vivo esperando...
Y sintiendo la noche en mi conciencia,
guardé la carta y me quedé llorando.

viernes, 10 de julio de 2009

El efecto patito feo.



Llega un momento en la vida de toda mujer, en el que sólo basta ser mujer para que llegue ese día, en el que descubrimos el peor enemigo: el espejo.
Espejo: Dícese de la superficie plana e inanimada caracterizada por la cobardía de no dar la cara y solo reflejar a los demás, con la crueldad suficiente de mostrarnos en todo momento esos defectos que nos acompañaran por el resto de nuestras vidas. Objeto de honestidad bruta.
Ahora, esos días son de furia. ¡Nada te queda! Ni el Jean que tanto te gustaba, ni la remera que más disfrutabas, ¡nada!... y no es que tengamos la culpa… ¡es que no tenemos nada directamente! O es demasiado ajustado y te marca los rollitos… o es demasiado suelto… Nada cumple los requisitos de la ocasión!!! ¿Cómo es posible tener un placar lleno y a la vez no tener nada? Eh aquí queridas amigas, una de las paradojas de la vida femenina. Los hombres no entienden. “Pero que es lo que te falta?” “Y el vestido de la fiesta pasada?” “Y el vestido que te regale cuando cumpliste 20? (Si, ahora tengo 30 y mas kilos)”. Esas son algunas de las respuestas salidas de la incomprensiva mente masculina.
Y no sólo es la ropa, cada defecto de nuestro ser se acrecienta un 80 %. Entonces nuestro pelo se llama matorra, nuestras naturales ojeras son dos golpes de puño, nuestra nariz es el valle de los puntos negro y mejor ni hablar de los granitos…porque las marcas de acné son un perfecto modelo a escala de la cordillera de los Andes. Que ni tres kilos de maquillaje sirven para ocultar estos verdaderos accidentes geográficos.
Es así como comenzamos a “psicopatearnos” (nueva palabra) o lo que comúnmente llamamos “hacernos la cabeza”… y esto es lo que hemos dado en llamar el “efecto patito feo”.
Ahora que si todas recordamos este cuento de nuestra infancia, sabemos como concluye. El patito feo dejado de lado por su propia familia por fin descubre que era un cisne… y eso es lo que buscamos todas, convertirnos en elegantes cisnes de cuellos largos y preciosos pelajes. El camino no es tan largo, aunque difícil de recorrer, hay un paso menos: el pelaje ya esta :S (remítase a la ley osito).
Nuestro amigo de la historia fue discriminado por su exterior, y fue denominado cruelmente “patito feo”, pero… porque no llamarlo belleza extraña, belleza poco vista, inclusive el término belleza exótica podría ser útil…. Pero evidentemente el autor de este clásico había sufrido en carne propia el sentirse feo ( se sospecha que era una mujer).
Lo que olvidamos, o quizá ignoramos, es que debemos disfrutarnos tal cual somos, y ya dejar el patito feo de lado!
Además pensemos en esto, si todos fuésemos iguales donde esta lo divertido? Todas las mujeres iguales, mismo molde, mismo pelo, mismos ojos, ya no habría tema de conversación. Todas con novio o todas sin novio.
Dejaríamos de ser seres humanos, que hay con la diversidad?? La belleza esta en lo particular y original de cada uno, y en la mirada que el otro tiene sobre nosotros. Somos especiales por lo que tenemos dentro, lo que pensamos, lo que nos inculcaron, esta es la verdadera belleza.
Eso si… Ojo! No nos dejemos estar…hay que mantener dentro de los parámetros normales la carrocería en buen estado. Y si estas atravesando el “efecto patito feo”, pasa por el espejo y SACALE LA LENGUA!!!


Nos vemos en la próxima entrega!

sábado, 4 de julio de 2009

Mis experiencias traumaticas con mi pelo: parte I

Si… este es mi pelo, una cosa que empezaba a tener vida… me sorprendió!... sus puntillas medio abiertas empezaban a cerrarse.. y la resequedad y la caspa a desvanecerse… comenzaba a revivir… y a crecer!... porque se nos cruza entonces la puta idea de pasar por la peluqueria? Grave error… eso nunca termina bien…. No para mi por lo menos…
Porque no aprenderemos a conformarnos con lo que tenemos.. aver lo positivo de nuesatra cabellera… de nuestro cuerpo… de nosotras digamos…
Esta fue la primera de mis desdichas con las transformaciones capilares:

No.. claro… la señorita quiere teñirse de chocolate! Seguro… porque su castaño no le es suficiente…

Primero: el chocolate es una comida… y un grave accidente echo tintura.
Segundo: si no van a ser atendidas por un profesional… por favor! Lean las instrucciones… están para algo no?
Tercero: tiemblen! Tiemblen! Si una amiga dice: bah! Eso lo hago yo! Yo te tiño!! Y sin leer las instrucciones preparan la mezcla y te la colocan como 45 min más de lo indicado…

No tengo nada en contra de los colorados, sólo que no me sentia espiritualmente lista para tener por pelos tiras de zanahoria rallada… asi fue!.... entre el silencio de mi amiga al lavarme la cabeza sacando la tintura, el ruido de la toalla rasqueteando mi cabeza reseca… así fue como alzando lentamente mi cabeza esa tarde me descubrí naranja… y así fue como mi vida se torno en una Fanta cualquiera...

Lo peor que podes escuchar en ese momento… (que fue precisamente lo que escuche en ese momento) es: no te quedo tan rojo!!...
Claro!... rojo no… naranja!! Era una mezcla radiactiva de Garfield y un pomelo rosado…
En esos momentos de desesperación pasas por los siguentes estadios:
- shock emocional: te quedas paralizada frente al espejo con tus cabellos humedos, recorres sin exito con la mirada desde la raiz a la punta buscando un milímetro de tu castaño ya fallecido, o de un chocolate inexistente.
- La negacion: no aceptas que ese es tu pelo… seguro te pusieron una peluca con la toalla… o no lo enjuagaron bien… o seguro que si te acercas a la luz lo ves de color chocolate… como lo tiene la modelo de la caja!!.. quiza cuando se seque cambia...( nota: no sos la modelo de la caja, no tenes el pelo de la modelo de la caja, y nunca te va a quedar como lo tiene la modelo de la caja, y cuando se seca… queda peor)…
- Desesperación post-tintura: te agarra un ataque de limpieza feroz contra tu cabeza… recurrís a todo lo que tenes a mano: menjunje, loción, shampoo, jabón de tocador , en polvo, vinagre, aceite… lo que sea!!!... porque… dicen que se va con el lavado no???....
- Llanto: es irremediable… caíste en la cuenta que desde ese momento llevas en la cabeza una ensalada de zanahoria, corres y buscas un gorro, pañuelo, y te hundís en la cama o sillón a llorar sin consuelo! Nadie puede entender que es lo que pasa por esa cabecita entintada y saturada de angustia…
- Luego de muchas horas… es el momento de la risa del sinsentido: de golpe y entre las lagrimas que comienzan a secarse y los ojos hinchados te empezás a reír e incluso a sacar fotos!... jaja… que lindo.. de esto me voy a reír mucho mas adelante!... ( es muy bueno contar con una amigo en estos momentos para evitar que salgas a la calle en una ataque de “mechupaunhuevo”)
- Lo siguiente que sucede es:
a) La aceptación: te acepas tal cual estas… y salís a la calle a mover la cabeza sonriente y contando lo feliz que estas de haber hecho un cambio tan brusco para tu look… que estas mas que radiante!!...
b) (Lo que hice yo): al día siguiente conseguís que la hermana de una amiga (que es peluquera) vaya a tu casa y te tiña para arreglarte el dramón de tu cabeza, aún corriendo el riesgo que ocurra una reacción química inesperada y te quedes pelada en pleno invierno. No salís de tu casa si no es estrictamente necesario! Y sólo te dedicas a nutrir tu herido compañero de batalla.

Tiempo después de un teñido ( querido o no) aparece lo que nos hace rememorar aquella frustrante situación cromática… si… las raíces.
Y así nos embarcamos en un círculo sin fin de tinturas y tinturas…
Esta es la desgracia de las teñidas… lamento ser una de ellas aunque sea accidentalmente.
Se que podremos amigas!!!... van a ver que algún día podremos encontrar nuestro color!!.... y cuando lo hagamos… seguramente vamos a querer hacernos otra cosa… como para cambiar no?…


En la próxima mi experiencia traumatica con el pelo parte II…